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¿Estamos realmente ante la revolución de los audiolibros?

Dentro de mis propósitos de año nuevo, está el leer una cantidad de libros sustancialmente mayor que la del año pasado. Sin embargo, me encontré con una interesante disyuntiva al tratar de establecer la meta y organizar mi tiempo. ¿Debo contar también como “leídos” los audiolibros?

El hábito de escuchar audiolibros es nuevo para mí. A mediados del año pasado, comencé a utilizar una plataforma (Audible de Amazon) en la que escuché casi la mitad de los libros que consumí el año pasado, y he descubierto que los audiolibros son por mucho el segmento de publicación con mayor crecimiento. Como con otros distintos fenómenos de la era de la información, no falta quien vaticine que los audiolibros poco a poco sustituirán a la lectura tradicional. Pero ¿es lo mismo leer o escuchar un libro?

Sí y no.

Para los seres humanos, leer es más reciente y antinatural que escuchar.

La escritura fue inventada hace menos de 6,000 años, pero podríamos considerar a la lectura un hábito disponible para las masas a partir de la invención de la imprenta, hecho que tiene escasos 500 años, por lo que nuestra especie no ha desarrollado ningún proceso mental especializado en la lectura. Por lo tanto, para la comprensión de la comunicación escrita, nuestro cerebro se apoya en los mismos procesos mentales que evolucionaron para la comprensión de la comunicación oral.

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Quizás esto explique porque algunas personas disfrutan más ver una serie, escuchar música, o simplemente conversar con otras personas que leer un libro, actividad que puede resultar difícil y aburrida.

Adicionalmente, el lenguaje hablado pone a nuestra disposición información adicional: la prosodia. La entonación, acentuación y velocidad del discurso nos dan pistas acerca de la intención de quien comunica.

Sin embargo, la lectura también tiene sus ventajas. Para textos complejos, por ejemplo, información científica, y para fines de aprendizaje, estudios han demostrado que la retención de información es mejor cuando esta se lee que cuando se escucha. Al parecer, esto se debe a que la información impresa nos permite enfocarnos mejor, modular la velocidad de lectura, y releer las partes más difíciles de procesar. Además, recibimos información adicional relevante en orden y estructurada en párrafos y encabezados, lo cual no es evidente en el formato de audio.

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Otra diferencia es que tendemos a utilizar los audiolibros cuando queremos realizar más de una actividad al mismo tiempo. Nuestro cerebro no está hecho para el multitasking, por lo que los audiolibros facilitan las distracciones.

Como dato curioso, en Estados Unidos, del 2011 a la fecha, el porcentaje de lectores que dice haber leído un libro en formato impreso se ha mantenido prácticamente igual (aproximadamente el 90 % de los lectores), mientras que el de personas que ha leído un ebook o escuchado un audiolibro ha aumentado progresivamente (de 20 a 34 % y de 14 a 28 % respectivamente). Interesante también resulta saber que las ventas de libros en formato físico siguen siendo poco más de diez veces más grandes que las de libros en formato electrónico. Estos datos parecen arrojar que, aunque las ventas de los audiolibros y libros electrónicos han crecido mucho en la última década, esto no ha significado la disminución del consumo de libros impresos; y, al parecer, después de pasada la novedad, el crecimiento de las ventas en formatos electrónicos se ha estancado.

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La conclusión para mí es que la escucha de un libro es una especie de herramienta, un complemento que en mi caso puede ser utilizada para lecturas más o menos ligeras, y que me ayuda a aprovechar tiempos de traslado entre ciudades cuando viajo. Siempre habrá textos que aprovechemos o disfrutemos más al consumir en forma de texto, por ejemplo, cuando queramos adentrarnos y concentrarnos en la lectura. Incluso el tacto de las hojas y la manipulación del libro físico puede representar para nosotros un encanto adicional. Lo importante es comprender las diferencias de cada medio, y determinar lo que funcione mejor para nosotros en cada caso.

Fuentes: The New York Times
Pew Research Center
CNBC

Sobre el autor

Jorge Salazar
Jorge Salazar

Hombre de familia y triatleta de treinta y tantos años. Lo que más disfruto es aprender. Director de Operaciones de Soporte Técnico de TI @icorp.

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