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Con cariño, para mi padre en el cielo

Por motivo del día del padre, se nos invitó en icorp a escribir todo aquello que hemos querido decirle a nuestros padres. Así que con mucho cariño, comparto unas palabras que llevo guardadas desde hace tiempo sobre el gran hombre al que tuve el privilegio de llamar: PAPÁ.

Sin duda, hay cosas en nuestra infancia que nos forman como personas. Algo que siempre voy a tener presente y que me motivó a escribir esto, fueron esas pláticas y visitas que nos hacía mi padre después de un día de trabajo.

Él solía sentarse a lado de la cama de mi hermano. Tenía esa costumbre cuando llegaba tarde de trabajar y lo hacía para vernos o para acariciar nuestro cabello. Era su forma de demostrar su amor y que nos había extrañado. Su jornada laboral era tan pesada que muchas veces sólo lo veíamos irse por la mañana.

Una noche lo escuché decirle a mi hermano cuánto se parecía a él en su carácter y forma de ser (siempre me hacía el dormido cuando él llegaba). Tan parecidos eran, que eso los hacia chocar. Pero mi padre valoraba eso, ya que era mi hermano en quien recaería la responsabilidad de cuidarnos y con más énfasis en cuidar de mí por mi forma de ser. Por ser como yo era (o soy). Él recurrentemente le decía; debes cuidar de David, él es muy noble y la gente va abusar de eso, debes cuidarlo porque eres fuerte.

Siempre fui el niño tierno y cariñoso que doblegaba a mi padre y a mi hermano, esos hombres tan reacios a mostrar cariño, de carácter tan fuerte y tan secos para hablar. Así como amé y adoré a mi padre, amo y adoro a mi hermano. Dije que sería fuerte, y creí que debía serlo. Quise ser fuerte y busqué toda mi vida hasta el día de hoy ser fuerte, creyendo que poniendo una coraza o un escudo a mis sentimientos y usando una máscara de ecuanimidad impasible y de rápida reacción ante los problemas.

Mi padre ya no está con nosotros desde hace 12 años. Él no supo que empecé a ser fuerte cuando él enfermó. Cuando tuve que verlo consumido por una enfermedad que hizo que lo cuidáramos, que tuviera que cargarlo, bañarlo y afeitarlo. Hasta que tuve que despedirme de él después de 6 o 7 años que lo vi luchar.

Hay momentos en que lo extraño demasiado, porque todos en algún momento perdemos rumbo. Cada que estoy mal no dejo de pensar en mi padre, no dejo de extrañarlo, no dejo de querer ser niño otra vez, porque las crisis o la adversidad siempre nos mueven el piso.

Quisiera que sepa que empecé a ser fuerte a raíz de verlo partir de este mundo. Al ver que al amputarle una pierna, se puso prótesis y caminó. Después le amputaron la otra y con dos prótesis anduvo. Y todavía después de más complicaciones andaba en su silla de ruedas. Hasta que un día no quiso pelear más y terminó pidiéndome que cuidara de mi hermano y de mi madre, que no los dejara solos porque iban a necesitar tanto de mí, como yo de ellos.

¿Cómo no voy ser fuerte hoy? Sí sé que mis problemas son minúsculos en comparación a los que él tuvo. Pero, me enseñaron que hay pelear, pelear sin importar cuan duro la vida te golpeé. Que no hay más fortaleza que la de querer vivir y estar al lado de tu familia a pesar de las adversidades. Por que las adversidades son parte de la vida misma y muchas veces son consecuencias de nuestros propios actos y sólo debemos seguir yendo hacia adelante.

Gracias papá. Gracias por tanto. Gracias por enseñarme con tu ejemplo que nunca será lo mismo fracasar que rendirse. Rendirse es dejar de intentar y tu me enseñaste que no hay que dejar de intentar, no hay que dejar de luchar, no hay que dejar de buscar. Hasta que en un momento digas: di lo mejor mí.

Sobre el autor

David Alba Vazquez
David Alba Vazquez

Support enginner en icorp. Escritor de ocasión. Una mezcla equilibrada entre gruñón, meditador novato, tozudo pero paciente, respetuoso y leal.

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